La enseñanza de Marina

Quién estuviera interesado/a en seguir un curso específico de terapeuta o técnicos/as que deseen usar la práctica del Poder del Ahora, pueden contactar con Marina en marborruso@yahoo.it

La meditación en medio de es sin duda la más meritoria. En medio de quiere decir durante la jornada, mientras estamos en casa o en el trabajo, mientras estamos haciendo las cosas de todos los días. Porque las enseñanzas de la vida, los pequeños desafíos diarios, son la práctica más importante hecha a la medida de cada uno de nosotros.

Nuestro sentir emocional es una capacidad de percepción. Las gozosa si no nos identificamos con las emociones. La identificación nos lleva a manifestar o a reprimir las emociones. Si la manifestamos nos volvemos esa emoción y la actuamos como si no tuviéramos elección. Si la reprimimos, escondiéndola, a veces de nosotros mismos, morimos un poco, nos volvemos insensibles.

En realidad, ambos comportamientos derivan de la ignorancia. De no saber qué cosa son en realidad las emociones. Simplemente son un movimiento energético que sucede en el cuerpo. Son una forma temporal. Se manifiestan como reflejos de los pensamientos. En realidad, son el eco físico de un pensamiento que pasa por la mente. Tanto el pensamiento como la emoción son formas temporales. Ambos están animados por la vitalidad que somos, son vida, por lo tanto las emociones no son ni negativas ni positivas; podríamos decir que las emociones negativas son las que son inconscientes, y son las que nos contaminan a nosotros y al entorno.

Las emociones son simplemente más o menos intensas, más o menos duraderas, más o menos viejas. A veces incluso hemos acumulado emociones que en su tiempo no fuimos capaces de disolver y que todavía están en el cuerpo, como un depósito de basura interior que aguarda ser reciclada. Se trata realmente de reciclarlas. De atravesarlas sin identificarnos con ellas, permitiendo aparecer la vitalidad que ellas son en esencia, entonces la forma de la emoción deja de ser y lo que resta es la vida que esa emoción es en esencia.

Cuando las observamos en el cuerpo, allí donde ocurren, y las dejamos ser así como son, las dejamos moverse como quieren, sin buscar manipularlas, comprenderlas, analizarlas, dirigirlas, evitarlas, entonces se expanden, para después apagarse, y lo mismo que cualquier otra forma, finalizan.

La observación y la rendición son sencillos medios para atravesar cualquier emoción.

Podemos volvernos concientes en cualquier momento, meditando o por ejemplo comiendo. Si el alimento es el problema haz de cada comida una meditación. Come solo/a o con alguien que esté dispuesto a meditar contigo.

Antes de comer, cuando estés a punto de hacerlo, mantén la atención en el espacio interior del cuerpo. Observa las sensaciones que hay. Acógelas. Si verdaderamente no tienes hambre, no comas, aunque sea el horario para hacerlo y la mente te diga que si no lo haces después tendrás hambre. Elige la comida que quieras, siempre manteniendo la atención en el interior del cuerpo. Tomate tu tiempo y no hagas otra cosa mientras elijes. Sírvete un poco de comida sin llenarte el plato. No hay necesidad de llenarse el plato a rebosar y tampoco de dejarlo vacío. Mientras comes estate atento/a a las sensaciones, al sabor, a los aromas, a la cualidad de cada bocado. Mastica bastante y largamente hasta sentir que el sabor cambia poco a poco. Estate atento/a a la sensación de estar satisfecho/a. En un determinado momento sentirás que para el cuerpo ya está bien así aunque en el plato todavía quede comida. y entonces para de comer.

No hables ni contestes el teléfono mientras comes. Busca también, si es posible no estar ocupado con otra actividad.

Cualquier dependencia se resuelve en el presente.

Los apetitos corporales pueden ser una prisión o bien ser un medio para honrar la forma. Esto quiere decir gozar de aquello que nos ha sido dado sin crear dependencias. El sexo es un fuerte impulso vital pero puede volverse un lugar de dependencia o de compulsión cuando estamos identificados con el ego. En este caso, los dones de la vida se vuelven algo para poseer, para confirmar nuestra propia imagen, para hacer y no para ser. Situaciones de esfuerzo para obtener alguna cosa y por lo tanto de sufrimiento. Cuando realizamos algo para obtener otra cosa no estamos más en el presente sino en el futuro. Estamos en la mente y no en el cuerpo. En cambio, el placer es propio del cuerpo.

En nuestra cultura a menudo se desvía la mirada de la disolución de la forma. Miramos la impermanencia con miedo, frecuentemente con rencor. Como si fuera la suprema injusticia de la vida. Empujamos la muerte hacia el futuro, figurando no saber que ese futuro se hará presente. Lo hacemos con nuestra muerte y con la de los que amamos.

En una sociedad que solo desea ver el movimiento de crecimiento, de expansión, la contracción, el decaimiento se ve con miedo. Por esta razón no podemos aceptar el envejecimiento, el inicio de la disolución de nuestra forma, y buscamos mostrarnos siempre jóvenes. Recurrimos a tinturas para ocultar nuestro cabello blanco o al bisturí para hacer desaparecer las arrugas. Encerramos a nuestros viejos en las casas de reposo y los dejamos morir en hospitales lejos del hogar. Los acompañamos al cementerio cuando estamos seguros de que el ataúd está cerrado, así no veremos ningún cuerpo muerto.
La conciencia de la muerte rompe la identificación ilusoria con el cuerpo, y nos trae al Ahora, a la vida que tenemos en este momento. Cuando entramos en el miedo a la muerte, cuando desviamos la mirada de la temporalidad de la forma que habitamos, podemos reconocer que cada forma que se manifiesta en nosotros, sean pensamientos, estados de ánimo, emociones, morirán igual que cualquier otra forma que tenemos alrededor; es a partir de esta conciencia que podemos ver surgir, destacándose, la esencia inmortal que somos, el eterno YO SOY, que es parte del Todo. Podemos percibirlo desde la Presencia, sólido e inmutable, radiante y totalmente vivo, alzándose en nosotros desde el estado de conciencia. Es entonces que agradecemos la vida que tenemos y la vivimos plenamente. Solo entonces honramos la forma que tenemos. Y honrar la forma significa reconocer los talentos que tenemos y usarlos provechosamente para realizar eso que hemos venido a hacer. La muerte nos ayuda en realidad a alinearnos con la Vida.

Su gran experiencia de vida, su honestidad y la claridad de su visión hace que su forma de enseñar sea absolutamente sencilla y esencial. un raro equilibrio entre la comprensión mental y la apertura espititual.

Marina ha praticado muchos años las enseñanzas de eckhart. siguiendo su experiencia personal ha creado prácticas meditativas que hacen posible atravesar cualquier forma densa interior, tanto sea dolor físico, psíquico o emocional. De esta manera se va transformando el cuerpo del dolor hasta liberarse. También ha creado prácticas que hacen facilmente reconocible al ego y nos permiten desidentificarnos de él en la vida de todos los días.